Homilía – VI Domingo de Pascua (Ciclo A)

Las lecturas de hoy tienen un hilo muy claro, el cristiano está llamado a hacer el bien sin miedo, a dar testimonio de su fe con paz y a vivir unido al amor de Cristo. Hace un tiempo un sacerdote me dijo una frase muy sencilla, pero muy profunda. “No hay problema cuando hacemos el bien; el problema es cuando hacemos el mal. Un cristiano no debe preocuparse por el qué dirán cuando hace el bien; es cuando hace el mal que debe preocuparse.”

Y eso conecta perfectamente con las lecturas de hoy.

1. Una fe que no se guarda para sí mismo

En la primera lectura vemos a Felipe anunciando el Evangelio en Samaría. Felipe entiende algo importante, lo que ha recibido de Dios no puede quedárselo para él solo. Por eso se pone en camino y lleva la Palabra a quienes todavía no conocen a Jesús.

Y después llegan Pedro y Juan para completar la obra con la imposición de las manos y el don del Espíritu Santo. Esto nos enseña dos cosas muy importantes.

La primera es que la fe no se puede guardar como algo privado. El Evangelio está para compartirse ya que hay muchas personas que todavía viven sin esperanza, sin sentido, sin conocer verdaderamente a Cristo y nosotros no podemos quedarnos quietos.

Pero también aparece una segunda enseñanza, que en la Iglesia se trabaja en equipo. Felipe evangeliza. Pedro y Juan fortalecen la comunidad. Cada uno tiene una misión distinta, pero todos trabajan para el mismo Señor. La Iglesia no se construye desde protagonismos personales, sino desde la comunión.

2. ¿Cómo dar razón de nuestra esperanza?

Después san Pedro nos da una enseñanza que hoy necesitamos muchísimo, dice, “Estén siempre dispuestos a dar razón de su esperanza, pero con delicadeza y respeto.”

San Pedro no dice, “Pónganse a pelear.” No dice, “Defiéndanse gritando.” No dice, “Respondan con odio.” San Pedro dice, “Con delicadeza y respeto.”

Y esto es muy importante hoy, porque vivimos en un mundo donde muchas veces,

  • se discute más de lo que se dialoga,
  • se grita más de lo que se escucha,
  • se ataca más de lo que se comprende.

Un cristiano no convence solo por argumentos.
Convence también por la manera en que vive.

Cuando una persona,

  • vive en paz,
  • actúa con caridad,
  • responde con serenidad,
  • hace el bien incluso cuando es criticada,

entonces su vida se vuelve un testimonio. Por eso san Pedro añade algo fuerte, “Es mejor sufrir haciendo el bien que haciendo el mal.” Porque incluso si llega la crítica o la calumnia, el cristiano sabe que su conciencia está en paz delante de Dios.

El verdadero problema no es que hablen mal de nosotros por hacer el bien.
El verdadero problema sería alejarnos del Evangelio.


3. Amar a Jesús es vivir como Él enseñó

Y finalmente llegamos al Evangelio. Jesús dice, “Si me aman, cumplirán mis mandamientos.” Jesús deja claro que el amor cristiano no es solo sentimiento. 

El amor verdadero se demuestra en la manera de vivir. Amar a Cristo significa:

  • vivir la verdad,
  • practicar el perdón,
  • caminar en la justicia,
  • hacer el bien,
  • permanecer fieles incluso en las dificultades.

Y Jesús promete algo hermoso, “No los dejaré huérfanos.” Nos deja el Espíritu Santo. Pero el Espíritu Santo no viene solo para hacernos recordar ideas o teorías religiosas.

El Espíritu Santo hace algo mucho más profundo, nos recuerda a Jesús en el corazón.

Nos ayuda a vivir lo que Cristo enseñó.
Nos fortalece cuando cuesta amar.
Nos sostiene cuando hacer el bien parece difícil.
Nos recuerda quiénes somos y para quién vivimos.


Conclusión

Hoy el Señor nos invita a no tener miedo de hacer el bien.

Aunque haya críticas.
Aunque no todos comprendan.
Aunque a veces parezca más fácil actuar de otra manera.

Felipe nos enseña a salir y anunciar.
San Pedro nos enseña a defender la fe con paz y respeto.
Y Jesús nos recuerda que el verdadero camino es el amor vivido en obediencia y sostenido por el Espíritu Santo.

Pidámosle hoy al Señor:

“Hazme valiente para hacer el bien,
sereno para defender mi fe,
y dócil al Espíritu Santo
para vivir siempre unido a Ti.”

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