Cerramos nuestra serie de formación para servidores. Jesús nos advierte sobre los "falsos profetas" en la comunidad. Sorprendentemente, no suelen ser herejes; a veces son servidores impecables en la liturgia, pero que destruyen con el chisme. Descubre cuál es el único termómetro real de tu servicio.
La prueba final de tu ministerio
A lo largo de esta serie hemos hecho un viaje de purificación interior. Ya nos sacamos la viga del ojo para dejar de juzgar, entendimos que sin oración somos simples empleados de ONG, y elegimos la puerta estrecha del servicio silencioso por encima del aplauso.
Pero Jesús, que conoce perfectamente la naturaleza humana y sabe cómo nos comportamos en grupo, nos hace una última advertencia muy seria en Mateo 7,15-20. Nos pide que nos cuidemos de los "falsos profetas" que vienen disfrazados de ovejas, pero que por dentro son lobos rapaces. Hoy en Fe Aplicada aterrizamos esta dura advertencia en los pasillos de nuestra parroquia y nos hacemos la pregunta definitiva ¿Qué tipo de rastro estás dejando a tu alrededor?
1. El lobo con gafete parroquial
Cuando leemos sobre "falsos profetas", nuestra mente imagina de inmediato a líderes de sectas o a personas que vienen a enseñar doctrinas extrañas en contra de la Iglesia. Pero en nuestro contexto cotidiano, el peligro es mucho más sutil.
¿Quién es ese lobo con piel de oveja en una comunidad? A veces, el lobo se esconde debajo de nuestro propio uniforme de servidor.
Es ese servidor que se sabe la liturgia de memoria, que nunca falta a su turno, que lee perfecto y que reza muy bonito en público... pero que detrás de escena destruye a los demás.
Es el que siembra el chisme en los grupos de WhatsApp de la pastoral.
Es el que crea bandos dentro del ministerio; los de "mi grupo" contra los demás.
Es el que trata con frialdad o desprecio a los más nuevos o a los que se equivocan.
Tiene apariencia de piedad, parece una oveja muy devota, pero sus actitudes desgarran a la comunidad pastoral con la misma violencia con la que un lobo ataca a un rebaño.
2. El verdadero termómetro, Uvas o Espinos
Frente a esta realidad, Jesús es tajante y nos da la regla de oro del discernimiento, "¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Por sus frutos los conocerán".
Debemos grabarnos esto en el alma, el termómetro de un servicio auténtico no es cuánto trabajamos, sino qué frutos dejamos a nuestro alrededor. Puedes pasar 12 horas el domingo en la parroquia organizando el mejor evento del año, pero si en tu ministerio hay división constante, envidia, amargura o competencia feroz, estás siendo un espino.
No podemos engañarnos diciendo que estamos "llenos del Espíritu Santo" si nuestro trato hacia los demás genera estrés, lágrimas y dolor. Un mal árbol no puede dar frutos buenos, sin importar cuántos coros dirija o cuántas clases de catequesis imparta.
3. El rastro inconfundible del Buen Árbol
La espiritualidad evangélica no se mide por lo fuerte que cantamos, lo bien que coordinamos o lo mucho que sabemos de Biblia; se mide única y exclusivamente por la calidad de nuestro amor.
Un buen árbol da frutos buenos. El servidor que realmente está conectado a Cristo y que ha cimentado su servicio sobre la roca, deja un rastro inconfundible en su comunidad.
Donde hay tensión y estrés por una actividad, él pone paz.
Donde hay chisme o crítica, él guarda silencio y protege la dignidad del hermano.
Donde hay agotamiento generalizado, él aporta alegría y paciencia.
Conclusión: Revisa la raíz
Concluimos aquí nuestra serie para servidores. Si tras leer estas notas te das cuenta de que tu servicio no está produciendo el fruto de la paz, el amor y la unidad en tu equipo, no te desanimes ni renuncies. Es simplemente una señal del Señor para que revises la raíz del árbol.
Vuelve al principio, límpiate los ojos de juicios, vuelve a arrodillarte ante el Sagrario para recargar tu batería y elige el último puesto. La Iglesia no necesita servidores perfectos; necesita servidores humildes que den buenos frutos.
Para profundizar
Evangelio de Mateo (7, 15-20): El pasaje donde Jesús enseña que la verdadera identidad del discípulo (y del profeta) se revela por los frutos de sus acciones, no por sus palabras.
Gálatas (5, 22-23): San Pablo enumera aquí los verdaderos "Frutos del Espíritu" que son amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Esta es la lista de cotejo (checklist) perfecta para evaluar nuestro servicio.
Papa Francisco (Gaudete et Exsultate, 115 y 116): El Papa dedica estos numerales a alertar fuertemente sobre el chisme y la difamación dentro de la Iglesia, llamándolo "terrorismo" porque el que chismosea tira una bomba que destruye la fama del hermano.

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