El peligro de borrar la frontera de lo Sagrado

Hemos olvidado que la palabra "Sagrado" significa originalmente "Separado" o "Intocable". Te explicamos por qué la liturgia necesita ritos, límites y misterio para no convertirse en una simple reunión social.


Cuando perdemos el miedo a Dios

A veces nos quejamos de que la Misa es "rígida" o "lejana". Queremos que sea más parecida a nuestra vida diaria, más "normal". Pero la antropología religiosa y la teología nos dicen, cuidado. Si borras la diferencia entre el Templo y la Calle, matas el Misterio.

Hoy en Fe Aplicada analizamos la raíz profunda de lo Sacro. Vamos a descubrir que lo sagrado no es solo "lo bueno", sino aquello que ha sido "cortado" de la realidad ordinaria porque pertenece exclusivamente a Dios. Y eso, por definición, no se puede tratar con confianza barata.


1. El corte necesario

La etimología nos abre los ojos. En latín, Sacer (Sagrado) no es sinónimo de "lindo" o "moralmente bueno".

  • Sacer significa "lo que ha sido cortado". Es una realidad separada del uso común. Es "intocable" para el hombre porque es propiedad de la divinidad.

  • Profanum (Profano) no significa "malo" o "pecaminoso". Significa simplemente lo que está frente al templo, afuera. Es el mundo ordinario que podemos usar, tocar y negociar (el trabajo, el mercado, la plaza).

La lección litúrgica: Cuando entras a Misa, cruzas la frontera de lo Profano a lo Sacer. Por eso cambiamos el tono de voz, por eso el sacerdote usa vestiduras distintas no ropa de calle, por eso el cáliz no es una copa de cocina. Si intentamos hacer la liturgia "profana" (ordinaria) para hacerla más accesible, la destruimos. Convertimos lo "intocable" en algo vulgar.

2. La Muralla que protege el Misterio

Observemos otro matiz brillante, Sanctus (Santo). Originalmente, Sanctus es la sanción, la ley o la muralla que protege lo Sacer para que no sea violado por lo profano.

En la liturgia, las normas, las rúbricas, el silencio, el comulgatorio, el "no tocar" el Santísimo con las manos sucias, no son barreras para excluir a la gente. Son el Sanctus, la muralla que protege el Misterio para que siga siendo Misterio.

  • Sin esa "muralla" de respeto, lo sagrado se disuelve.

  • Cuando cantamos "Santo, Santo, Santo", estamos reconociendo que Dios es "El Totalmente Otro", el que está separado de nuestra pequeñez.

3. El Templo es el "Centro del Mundo"

El historiador de las religiones Mircea Eliade explicaba que lo Sagrado rompe la homogeneidad del espacio y del tiempo.

  • El Espacio: El altar no es una mesa más. Es un lugar donde el Cielo toca la Tierra (Hierofanía). Para el hombre religioso, el templo es el "Centro del Mundo". Allí las leyes de la física ceden ante las leyes de la Gracia.

  • El Tiempo: La Misa no dura 45 minutos cronológicos. Es un Tiempo Sagrado, un "Eterno Presente". Cuando vas a Misa, te sales del reloj y entras en la Eternidad.

Si tratamos la Misa como un evento más de la agenda (tiempo profano) en un auditorio más (espacio profano) nos perdemos la experiencia de la Hierofanía; la manifestación de lo divino en lo material.


Conclusión

Quítate las sandalias

Moisés, ante la zarza ardiente, escuchó, "Quítate las sandalias, porque el suelo que pisas es santo". Dios le pidió que reconociera la separación. No podía pisar ahí como pisaba en cualquier lado.

Recuperar el sentido de lo Sagrado hoy significa volver a ponerse de rodillas interior y exteriormente. Significa entender que en la Liturgia no somos los dueños, somos invitados a un territorio que no nos pertenece. Solo cuando respetamos la distancia de lo Sagrado (Tremendum), podemos experimentar la cercanía de su Amor (Fascinans).


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