Homilía para el Viernes Santo

Hoy hemos escuchado la Pasión del Señor según San Juan. Y hay una frase que resuena con fuerza en este día,“Todo está cumplido” (Jn 19,30).

Pero podríamos preguntarnos, ¿Qué es lo que está cumplido? Está cumplido el amor. Está cumplido el don total de Cristo por la humanidad. Jesús lo hizo todo… absolutamente todo por nosotros.

1. Un amor que da… y no recibe

Jesús pasó su vida haciendo el bien:

  • Defendió al débil
  • Levantó al caído
  • Sanó al enfermo
  • Consoló al que lloraba

Y sin embargo, en la Pasión vemos algo duro, cuando Él necesita, nadie está. Aquel que defendió a la mujer adúltera… ahora no tiene quien lo defienda. Aquel que alivió cargas… ahora carga una cruz pesada. Aquel que levantó a otros… ahora cae y nadie lo levanta.

El Evangelio de hoy lo muestra con crudeza, Jesús es traicionado, abandonado, condenado injustamente. Y esto no es solo historia pasada… esto sigue pasando hoy. Cristo sigue siendo rechazado:

  • en el inocente acusado injustamente
  • en el trabajador explotado
  • en el pobre ignorado
  • en el que sufre y nadie mira

2. La respuesta del hombre es la indiferencia y el pecado

Lo más doloroso no es solo el sufrimiento físico de Jesús, sino la respuesta del corazón humano. San Juan lo deja claro:

  • Pilato sabe que es inocente… pero se lava las manos
  • La multitud prefiere a Barrabás
  • Los soldados se burlan
  • Muchos simplemente miran… y no hacen nada

Jesús lo da todo… y el hombre responde con rechazo, indiferencia o pecado. Y aquí es donde la Palabra nos toca directamente. Porque no se trata solo de lo que hicieron otros… sino de lo que hacemos nosotros. Cristo sigue cayendo:

  • en el que no lucha contra su pecado
  • en el que vive como si Dios no existiera
  • en el que se deja vencer por el odio, la violencia o la comodidad

Cristo sigue siendo desfigurado:

  • en los rostros olvidados
  • en los que han perdido la dignidad
  • en los que ya no tienen esperanza

3. La cruz revela la verdad de nuestro corazón y la misericordia de Dios

La cruz hace dos cosas al mismo tiempo:

  • Nos muestra quién es Dios
  • y nos muestra quiénes somos nosotros

Dios es amor total, sin medida. Un amor que no se echa para atrás, aunque no sea correspondido. Y nosotros muchas veces somos los que:

  • fallamos
  • traicionamos
  • nos alejamos
  • ignoramos

Pero aquí está lo más grande Jesús no baja de la cruz, Jesús no deja de amar, incluso desde la cruz:

  • perdona
  • entrega
  • ama hasta el extremo

Como dice el Evangelio, “Inclinando la cabeza, entregó el espíritu” (Jn 19,30) No se lo quitan… lo entrega. Es amor voluntario.


Conclusión: Una pregunta que no podemos evitar

Hoy no es un día para teorías, es un día para ponerse frente a la cruz y mirar. Y dejar que surja una pregunta muy personal

Si Cristo lo hizo todo por mí… ¿qué estoy haciendo yo por Él?

  • ¿Sigo siendo indiferente?
  • ¿Sigo repitiendo los mismos pecados sin luchar?
  • ¿Sigo pasando de largo ante el que sufre?

O ¿empiezo hoy a responder con amor? Hoy, al adorar la cruz, no estamos adorando un madero, estamos adorando a Cristo que dio su vida por nosotros. Y tal vez, en silencio, lo único que podamos decir sea:

“Señor… perdón.
Y gracias.
Enséñame a amarte como Tú me has amado.”

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