Continuamos nuestra serie para servidores parroquiales. Si sientes que la parroquia te agota, que nadie te valora y que el servicio se ha vuelto una carga pesada, quizás estás operando con el 1% de batería espiritual. Hoy descubrimos el antídoto contra el activismo vacío.
Cuando las manos trabajan, pero el alma duerme
En nuestra nota anterior hablamos sobre el "Síndrome del Servidor Juez" y la necesidad de purificar nuestra mirada con humildad. Pero una vez que logramos limpiar nuestros ojos, nos enfrentamos a un segundo enemigo, uno mucho más sutil y silencioso, el activismo.
Seamos totalmente sinceros, servir en tu parroquia, santuario o comunidad es hermoso, pero agota. Entre las misas dominicales, las procesiones, los coros, la catequesis y las interminables reuniones de planificación, el cuerpo y la mente se cansan.
Hoy en Fe Aplicada, guiados por Mateo 7,7-11, vamos a hablar de lo que ocurre cuando ese cansancio físico nos lleva a cometer el peor error espiritual de un servidor, creer que hacer muchas cosas por Dios nos exime de hablar con Él.
1. La trampa mortal de "Mi servicio es mi oración"
Cuando la agenda de la parroquia está a reventar y el cansancio aprieta, ¿sabes qué es lo primero que solemos recortar de nuestra vida? La oración.
Caemos en una trampa muy seductora y nos justificamos diciendo, "Señor, no tengo tiempo para ir al Santísimo a orar hoy, pero igual voy para la parroquia a servirte. Mi servicio es mi oración". ¡Cuidado con este engaño!
Digámoslo con claridad, Un servidor que no ora, es solo un voluntario en una ONG. Un servicio sin rodillas dobladas es simplemente trabajo logístico. Puedes tener la mejor organización del mundo, los cantos mejor afinados o el templo impecable, pero si no pides, buscas y llamas al Espíritu Santo constantemente, estás trabajando con tus propias fuerzas. Y las fuerzas humanas, inevitablemente, se acaban.
2. Operando con el 1% de batería
Ese momento en el que dejas de orar es el instante exacto en el que el servicio deja de ser una bendición y se convierte en una carga insoportable.
Empiezas a llenarte de amargura.
Aparecen las quejas, "Nadie me ayuda", "Siempre me toca a mí abrir y cerrar", "El párroco no me valora".
¿Te suena familiar? Esto no pasa porque tu comunidad sea necesariamente mala; pasa porque estás operando como un celular con el 1% de batería tratando de abrir una aplicación pesadísima. Te estás exigiendo dar un amor, una paciencia y una misericordia que no tienes, porque has dejado de enchufarte a la Fuente que te los provee.
3. El antídoto es Pedir, buscar y llamar
En el Evangelio (Mateo 7,7-11), Jesús nos da una promesa bellísima y la solución definitiva a nuestro agotamiento, "Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá". Jesús nos recuerda que tenemos un Padre bueno que sabe exactamente lo que necesitamos.
La instrucción es clara:
Pide: Antes de colgarte el gafete, de afinar la guitarra o de ponerte a ordenar las bancas, ve un momento al Sagrario. Pídele al Padre que te dé la paciencia que te falta para soportar al hermano difícil de tu equipo.
Busca: Búscalo en el silencio, lejos del ruido de las actividades parroquiales. El Padre sabe lo que necesitas para que tu servicio no sea un peso, sino un gozo verdadero.
Llama: Toca a la puerta del corazón de Dios antes de tocar las puertas de las casas para evangelizar.
Conclusión: Servir sobre la Roca
Para que tu servicio no termine destruyendo tu paz o tu fe, debes entender que tu fuerza no viene de tu capacidad organizativa, tu talento o tu inteligencia. Tu fuerza viene de tus rodillas en tierra.
La próxima vez que sientas que no puedes más con las exigencias de tu ministerio, haz una pausa. Suelta la escoba, el micrófono o la hoja de cantos por un momento, y ve a sentarte a los pies del Maestro. Él no te llamó a la Iglesia solo para que seas su empleado; te llamó, primero y sobre todo, para que seas su hijo.
Para profundizar
Evangelio de Mateo (7, 7-11): La promesa de Jesús sobre la eficacia de la oración y la bondad del Padre.
Evangelio de Lucas (10, 38-42 - Marta y María): El pasaje clásico para entender el equilibrio entre el servicio activo (Marta) y la contemplación a los pies de Jesús (María). "Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas...".
Papa Francisco (Evangelii Gaudium, 82): El Papa habla de la "accedia pastoral" (pereza o agotamiento espiritual), explicando que el cansancio de los agentes pastorales a menudo no viene de trabajar mucho, sino de trabajar mal, sin la espiritualidad que hace feliz y llena de sentido la tarea.

La necesidad de formación continúa para los laicos que a lo largo de los años solo ciertos grupos (Eclesiales) los han tomado en cuenta, desde monaguillos, lectores, catequistas y cada uno de los miembros para que conozca verdaderamente su fé y la práctica
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