¿Te acaban de dar un cargo de liderazgo en la Iglesia?

Asumir la coordinación de un movimiento, dirigir una pastoral o recibir la ordenación sacerdotal no es un premio a tu ego espiritual. Analizamos por qué tener influencia sobre las almas no es un privilegio, sino un peso ético que exige una formación constante.

El peligro del aplauso parroquial

Es un día de mucha alegría. Te acaban de nombrar coordinador general de tu movimiento, líder del grupo de jóvenes, o quizás, acabas de postrarte en el suelo de la catedral para ser ordenado sacerdote. La gente te aplaude, te felicita y empieza a llamarte por tu nuevo "título".

Es hermoso y es una gracia de Dios. Pero también es el momento más peligroso para tu alma. A menudo olvidamos que el liderazgo en la Iglesia conlleva un poder real, la capacidad de moldear opiniones, actitudes y la relación que otras personas tienen con Dios. Hoy en Fe Aplicada tomamos un principio de la ética secular para recordarte que tu nuevo cargo no te da más derechos, te exige más responsabilidades.


1. El espejismo del privilegio

Cuando asumes un rol de liderazgo en la Iglesia, automáticamente te conviertes en una figura de influencia. La gente te mira. Los jóvenes te escuchan. Tus palabras, desde un púlpito o desde el frente de un salón parroquial, ya no son solo "tus" palabras; para muchos, representan la voz de la Iglesia.

El gran error es entender la visibilidad y el alcance de tu nuevo rol como un privilegio personal. Si empiezas a disfrutar de los "primeros puestos" en los retiros, de que te sirvan primero el café, o de que nadie te contradiga porque eres "el jefe", has caído en la trampa del ego. El liderazgo cristiano no es un ascenso corporativo, es un descenso a la servidumbre.

2. La regla de Savater, a mayor poder, mayor moral

El filósofo Fernando Savater tiene una frase que todo nuevo sacerdote o coordinador debería enmarcar en su escritorio:

"Todo lo que aumenta nuestro poder redimensiona nuestro campo moral".

¿Qué significa esto? Significa que tus acciones ya no tienen un impacto individual, tienen un efecto multiplicador.

  • Si un feligrés común llega tarde o trata mal a alguien, es un error personal.

  • Si el sacerdote o el líder de la pastoral trata mal a alguien, esa persona herida puede alejarse de Dios para siempre.

Al aumentar tu poder, tu influencia pastoral, tu "campo moral" se hace más grande y estricto. Las excusas que valían cuando eras un miembro más del grupo, ya no son válidas ahora que eres el referente.

3. La urgencia de la formación ética

Por esta razón, más que disfrutar del reconocimiento de la comunidad, tu deber urgente ahora es formarte. No basta con saberte la Biblia de memoria o ser un experto organizando retiros. Necesitas una formación ética y humana sólida para ejercer tu influencia con conciencia.

Los escándalos y abusos de poder en la Iglesia espirituales, psicológicos y de conciencia rara vez empiezan de la noche a la mañana. Comienzan cuando un líder se convence a sí mismo de que las reglas no aplican para él. La humildad no es hablar bajito; la humildad es vivir bajo la constante revisión ética de que estás manejando material inflamable y sagrado, el alma humana.

Conclusión: Eres un canal, no la fuente

Si eres un nuevo coordinador, sacerdote o catequista, felicidades. La mies es mucha y los obreros son pocos. Pero recuerda todos los días frente al sagrario que la gente no va a buscarte a ti; van a buscar a Cristo a través de ti.

Que tu nuevo poder no redimensione tu ego, sino tu capacidad de amar, de escuchar y de servir. Ejerce tu influencia con la conciencia de que al final del día, el Dueño de la obra te pedirá cuentas de cada oveja que se te confió.


Para profundizar

  • Fernando Savater (Ética de Urgencia): El texto de donde se extrae la reflexión sobre el poder. Esencial para entender cómo nuestras decisiones afectan a los demás cuando estamos en posiciones de autoridad.

  • Papa Francisco (Cartas y discursos sobre el Clericalismo): El Papa insiste constantemente en que la autoridad en la Iglesia es sinónimo de servicio, y condena la actitud de creerse "dueños" de la fe de los demás, un riesgo que aplica tanto a curas como a laicos líderes.

  • Evangelio de Marcos 10, 42-44: La instrucción directa de Jesús sobre el liderazgo: "Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones las dominan... Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor".

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