Por qué tus hijos no amarán a Dios si no te ven amarlo a ti

¿Te frustra que tus hijos no tengan interés en la fe? La psicología y la antropología tienen una respuesta sorprendente, "El deseo humano es mimético". Descubre por qué los sermones no funcionan y por qué tu testimonio en casa es el único imán real para acercarlos a Cristo.

El espejo de la casa

Muchos padres católicos sufren cuando ven que sus hijos, al llegar a la adolescencia, pierden todo el interés en la fe. Intentan convencerlos con sermones, obligándolos a ir a Misa o inscribiéndolos en retiros. Pero a menudo, el resultado es el rechazo.

¿Por qué ocurre esto? La respuesta no está en la falta de fe de los jóvenes, sino en cómo funciona el deseo humano. Hoy en Fe Aplicada cruzamos la antropología con la crianza cristiana. Usando la famosa teoría del filósofo René Girard, vamos a descubrir por qué tus hijos no van a desear a Dios a menos que te vean a ti deseándolo primero.

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1. No deseamos objetos, imitamos deseos 

El antropólogo René Girard revolucionó el pensamiento moderno con una idea muy simple pero profunda, "El deseo humano es mimético". Esto significa que no deseamos algo simplemente porque sea atractivo. Deseamos algo porque alguien más un modelo o referente nos muestra que vale la pena desearlo. Los deseos no nacen solo del individuo, nacen de observar a un "tercero" y aprender de él.

En la crianza: Tu hijo no nace con el deseo automático de ir a Misa o de rezar el Rosario. Él va a observar a su modelo principal, tú.

Si le dices que la Misa es importantísima, pero cada domingo vas de mal humor, mirando el reloj y quejándote del sacerdote, tu hijo "aprende" que la Misa es una carga.

Por el contrario, si te ve orar en silencio con paz, si te ve emocionado por la Eucaristía, su cerebro mimético dirá, "Mi papá/mamá tiene algo valioso ahí, yo también lo quiero".

2. El Padre como el "Mediador" de lo Sagrado

Girard también explica que las comunidades humanas siempre han necesitado de modelos que medien su deseo y su convivencia. En el hogar, los padres son esos primeros "mediadores" de lo sagrado.

Ustedes cumplen la función vital de ofrecer modelos que orientan el deseo y articulan el sentido común de la familia.

El peligro de la incoherencia. Si en casa el modelo que ofreces está centrado en el dinero, el estatus o la crítica constante a los demás, ese será el "dios" que tus hijos desearán imitar.

El puente a la fe. Tu rol como padre católico no es ser perfecto. Es ser un puente. Cuando pides perdón a tus hijos tras un enojo, o cuando rezas con ellos en las noches, estás orientando su fuerza imitativa hacia lo sagrado.

3. Señalar al Cordero

La fe cristiana introduce una revelación que transforma todo, el modelo supremo no es un líder poderoso que se impone, es el Cordero de Dios, inocente y vulnerable, que se entrega desde el amor.

Como padre o madre, comprender tu fuerza mimética implica entender que tú no eres el centro. No crías a tus hijos para que sean tus clones o para que te admiren ciegamente. Tu misión es ser alguien que comprende el peso de su ejemplo y lo orienta hacia el único Modelo perfecto, Cristo. En el fondo, tu trabajo es señalar siempre más allá de ti mismo, para que cuando tus hijos te miren, su mirada no se quede en tus defectos o virtudes, sino que llegue al Trascendente. Como decía San Juan Bautista, "Es necesario que Él crezca y que yo disminuya".

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Conclusión: El Evangelio sin palabras

Si quieres que tus hijos amen a Dios, deja de darles discursos que no respaldas con tu vida. El deseo es contagioso. Si tu corazón arde por Cristo, ellos sentirán el calor. Si tu fe es una obligación fría, ellos huirán del congelador. Recuerda la fuerza de la mímesis, ellos te están observando todo el tiempo. Que al mirarte, descubran que vale la pena desear el Cielo.

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Para profundizar

René Girard (El chivo expiatorio / Mentira romántica y verdad novelesca): Las obras cumbres donde desarrolla la teoría del deseo mimético, vital para entender cómo nuestras pasiones y decisiones incluso las religiosas son influenciadas por los modelos que admiramos.

Exhortación Apostólica Familiaris Consortio (San Juan Pablo II): El documento clave sobre el rol de la familia cristiana, donde se define a los padres como los "primeros heraldos del Evangelio" para sus hijos, educando más con el testimonio diario que con las palabras.


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