¿Por qué cantamos en Misa?

¿Alguna vez te has emocionado al escuchar un coro en la iglesia o te has preguntado por qué no simplemente "leemos" las oraciones? Descubre por qué el canto en la liturgia no es un simple adorno musical, sino la respiración del Espíritu Santo en nosotros.

Las lágrimas de San Agustín

San Agustín dejó escrito un testimonio conmovedor sobre su experiencia en la liturgia: "¡Cuántas lágrimas he vertido, qué violenta emoción he experimentado, Señor, al escuchar en vuestra Iglesia los himnos y cánticos que os alaban!". Él mismo confesaba que mientras esos sonidos entraban por sus oídos, la verdad se derretía en su corazón y excitaba su piedad.

A veces, vamos a Misa y escuchamos los cantos como si fueran la "música de fondo" de un evento o un relleno para que el sacerdote tenga tiempo de moverse por el altar. Pero la historia y la teología nos enseñan algo mucho más profundo. Hoy en Fe Aplicada,  Analizamos por qué el canto es indispensable para nuestra fe.


1. Cuando hablar ya no es suficiente

¿Sabías que el verbo "cantar" es uno de los más utilizados en toda la Biblia?. Aparece 309 veces en el Antiguo Testamento y 36 veces en el Nuevo Testamento. Esto no es casualidad.

  • El canto surge como la manifestación de una relación íntima con Dios en donde el lenguaje hablado simplemente ya no basta.

  • Antropológicamente, el canto es una expresión humana única, es la conjunción original de música y texto, de emoción y razón, de melodía y palabra.

  • Bíblicamente, el canto es también la reacción espontánea que tiene el pueblo al ver cómo Dios interviene en su historia para salvarlos como hizo Moisés al cruzar el Mar Rojo.

  • Además, como explica el Papa Benedicto XVI (Joseph Ratzinger), quien cree en la Resurrección de Cristo experimenta la salvación definitiva, lo que nos permite cantar con plenitud un "cántico nuevo".

2. Un solo cuerpo, una sola voz

El canto litúrgico no es un concierto donde unos pocos actúan y los demás aplauden. Tiene una espiritualidad profundamente comunitaria.

  • San Juan Crisóstomo afirmaba que el canto en común significa que entre nosotros solo hay un alma y un corazón.

  • Es el símbolo perfecto de la Iglesia, que toma a muchos miembros distintos y los une en un solo cuerpo.

  • Al cantar juntos, expresamos la fe que tenemos, sentimos y vivimos. Cantamos nuestro amor a los hermanos y nuestra esperanza en Dios.

Pero hay un misterio aún mayor, no se trata tanto de que nosotros le cantemos a Dios, sino de que Él cante en nosotros. Es el Espíritu de Jesús el que canta en nuestro interior. A través del canto común, nuestra plegaria se desliza hacia el Padre.

3. El canto de los labios y el canto de la vida

De nada sirve tener la voz de un ángel si nuestra vida está desafinada con el Evangelio. La espiritualidad del canto exige coherencia.

San Agustín nos lanza una advertencia que deberíamos enmarcar:

"¿Quieres que la alabanza resulte agradable a tu Dios? No juntes al buen canto la estridencia de tus malas costumbres... Él se fija más en tu vida que en el sonido de tu voz".

Si no hay paz en tu corazón, estás en disonancia contigo mismo, haciendo que una cosa resuene en tus labios y otra muy distinta indique tu vida. Por eso, la verdadera música sacra es más santa cuanto más íntimamente está unida a la acción litúrgica y a nuestra vida. ¡Canta la música, pero sobre todo, canta la vida!.

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