La vida, muchas veces, parece injusta. Un día todo está bien… y al otro, algo inesperado sucede y cambia completamente el rumbo de nuestra historia.
Una enfermedad,
una traición,
una pérdida,
una decisión difícil.
Y uno se pregunta, ¿por qué me pasa esto a mí?
Hoy vivimos algo muy parecido en la liturgia, comenzamos con alegría, levantando las palmas, gritando “Hosanna”… y pocos minutos después estamos escuchando la Pasión.
¿Cómo se pasa de aclamar a Jesús como Rey a tratarlo como un delincuente?
1. No es la vida la que nos hiere, es el corazón alejado de DiosJesús entra en Jerusalén como Rey…y termina en la cruz como un condenado.
El hombre más bueno y justo de la historia tratado como el peor de los criminales.
Y entonces surge la pregunta, ¿por qué la vida lo trató tan mal? Pero hay que aclarar algo importante, no fue la vida la que trató mal a Jesús. Tampoco fue Dios.
Fueron las personas. Fueron corazones que se alejaron de Dios.
A veces nosotros también decimos, “la vida ha sido injusta conmigo”. Pero muchas veces no es la vida… son las decisiones humanas:
egoísmo,
envidia,
traición,
orgullo.
El problema no es la vida, es la distancia del corazón humano con Dios. Y esto nos invita a revisar algo muy serio, ¿mi corazón está cerca de Dios o también puede pasar del “Hosanna” al “crucifícalo”?
2. Los cambios inesperados también forman parte del camino
La entrada triunfal y la cruz no están separadas. Son parte del mismo camino.
Así también pasa en nuestra vida. Hay momentos de alegría… pero también llegan momentos que no esperábamos:
cambios difíciles,
decisiones dolorosas,
situaciones que nos toca vivir incluso en soledad.
Y en esos momentos aparece el miedo. Pero ahí es donde entra la fe. Porque si enfrentamos esos momentos agarrados de Dios, algo comienza a cambiar dentro de nosotros. Tal vez no cambia la situación de inmediato… pero cambia nuestra fuerza interior. Y descubrimos algo que antes no sabíamos, que somos más fuertes de lo que pensábamos, porque Dios camina con nosotros.
3. La cruz no es el final, es el inicio de algo nuevo
Hay una frase muy conocida de Mario Benedetti que dice:
“Los grandes cambios vienen acompañados de grandes sacudidas; no es el fin del mundo, es el inicio de uno nuevo.”
Eso es exactamente lo que estamos celebrando. La Pasión no es el final de la historia. Es el comienzo de la salvación. La cruz no es fracaso… es camino hacia la Resurrección.
Y esto es clave para nuestra vida cristiana, Ser cristiano no significa vivir solo momentos de gloria. También implica:
traiciones,
incomprensiones,
juicios,
y cruces.
Pero Jesús nos enseña cómo enfrentarlos desde la oración, desde la confianza en el Padre.
Conclusión
Hoy el Señor no solo quiere que escuchemos la Pasión… quiere que la vivamos.
Esta Semana Santa hagamos algo concreto. No nos quedemos solo con el “Hosanna” del domingo.
Acerquémonos más a la oración. No huyamos de nuestras cruces, vivámoslas con fe.
Y cuando la vida nos sacuda, cuando no entendamos lo que pasa, recordemos, no es el final.
Dios está obrando algo nuevo. Porque quien camina con Cristo, puede pasar por la cruz…pero nunca se queda en ella.

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