Homilía para el VI Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Hay una frase que escuchamos con frecuencia:
“Yo no me meto en nada… yo soy neutral.”

Pero la Palabra de Dios hoy nos confronta con una verdad fuerte:
en las cosas fundamentales de la vida no existe la neutralidad.

No se puede ser neutral entre la verdad y la mentira.
No se puede ser neutral entre el bien y el mal.
No se puede ser neutral entre Dios y aquello que se opone a Él.

Y la primera lectura lo dice con claridad: Dios puso delante de nosotros el fuego y el agua, la vida y la muerte… y somos nosotros quienes elegimos.

1. A Dios no se le elige por accidente

La primera lectura del libro del Eclesiástico nos hace pensar algo muy serio:
ni a Dios ni al mal se les elige por accidente.

No es casualidad.
No es “sin querer”.
Es una decisión libre.

Vivimos en una sociedad:

  • egoísta,

  • superficial,

  • consumista,
    que constantemente nos empuja a pensar solo en nosotros mismos.

Pero el Evangelio nos invita a lo contrario:

  • a la generosidad,

  • a remar mar adentro (a la profundidad),

  • a vivir la pobreza de espíritu.

No podemos decir que somos de Cristo si nuestras decisiones diarias siguen la lógica del egoísmo. Elegir a Dios implica optar por un estilo de vida concreto, incluso cuando va contra la corriente.


2. No basta la lógica del mundo: necesitamos la sabiduría del Espíritu

San Pablo en la segunda lectura nos recuerda que la verdadera sabiduría no viene simplemente de la inteligencia humana, sino del Espíritu Santo.

Podemos conocer muchas leyes, muchas normas, incluso defender valores… pero si nos guiamos solo por la lógica del mundo, terminamos reduciendo la fe a una moral mínima.

Las leyes humanas pueden ser buenas, pero a veces también son injustas o insuficientes, y pueden llevarnos por caminos contrarios al Evangelio.

Para vivir como discípulos no basta preguntarnos:
“¿Es legal?”
Debemos preguntarnos:
“¿Es evangélico?”

Y esa respuesta solo la da el corazón que ora, que escucha al Espíritu y que busca la voluntad de Dios por encima de la comodidad.


3. Jesús va más allá de la norma: llama a la coherencia del corazón

El Evangelio es la síntesis de todo. Jesús no viene a abolir la Ley, sino a llevarla a plenitud.

No solo dice:

  • “No matarás”,
    sino también: no guardes rencor.

No solo:

  • “No cometerás adulterio”,
    sino también: no mires con deseo desordenado.

No solo:

  • “Cumple lo que prometes”,
    sino: que tu ‘sí’ sea sí y tu ‘no’ sea no.

Jesús no se queda en lo externo; va al corazón.

El llamado es a una vida coherente. Y sabemos que somos frágiles, que fallamos, que luchamos… pero por eso mismo:

  • la vida de oración,

  • la vida en comunidad,

  • y la Eucaristía bien vivida

nos ayudan a evitar esa fragmentación peligrosa entre lo que creemos por dentro y lo que vivimos por fuera.

Un cristiano no puede tener una vida interior piadosa y una vida exterior contradictoria. Eso rompe la unidad del corazón.


Conclusión: elegir cada día

Hoy el Señor nos invita a elegir. No mañana. Hoy.

Elegir:

  • perdonar en lugar de guardar rencor,

  • custodiar la mirada y el corazón,

  • hablar con verdad,

  • vivir con coherencia.

No se puede vivir en tierra de nadie.
O elegimos la lógica del Evangelio, o elegimos la lógica del mundo.

Pidámosle al Señor la gracia de no conformarnos con cumplir mínimamente, sino de dejarnos transformar profundamente. Que cada día podamos decir con nuestras decisiones:

Hoy elijo la vida. Hoy elijo a Cristo.

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