Homilía para el V Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A (Mt 5, 13-16)

¿Convivir contigo hace la vida más llevadera… o más pesada?

Porque seamos honestos: hay personas que cuando llegan, alegran el ambiente, y otras que cuando llegan… lo apagan todo. Y lo más preocupante es que a veces, quienes apagan el ambiente somos cristianos.

Hoy Jesús nos dice sin rodeos:
“Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo.”
No dice: “intenten ser”, no dice: “si les queda tiempo”.
Lo somos o no lo somos.


1. Ser cristiano no es cumplir normas: es darle sabor a la vida

Jesús nos manda a darle sabor a la vida. Y aquí está el problema: muchos cristianos no han entendido ni el sentido de la vida ni el sentido de ser cristianos.

Ser católico no es solo seguir la rúbrica, el canon o la orden.
Ser católico es comprender la rúbrica, el canon y la orden para que la vida tenga sentido.

Cuando seguimos las normas a ciegas, sin entenderlas, nos convertimos en esos “señores y señoras amargados de parroquia” que:

  • corrigen todo,

  • regañan por todo,

  • y parecen estar siempre molestos con todo el mundo.

Eso no es sal.
Eso le quita sabor a la vida cristiana.

Las normas no están para amargar la vida, sino para orientarla. Cuando se entienden desde el amor y no desde la obsesión, la fe deja de ser una carga y se convierte en una fuente de sentido.


2. La luz no regaña, ilumina con el testimonio

Jesús no dijo: “ustedes son los policías del mundo”.
Dijo: “ustedes son la luz”.

Cuando comprendemos las “reglas del juego”, nuestra vida comienza a iluminar el camino de los demás, sin necesidad de andar repitiendo como policías de tránsito las normas que otros violaron.

La luz no grita.
La luz no humilla.
La luz simplemente alumbra.

No estamos llamados a brillar como estrellas que solo funcionan cuando hay aplausos.
Estamos llamados a iluminar el camino correcto, incluso cuando nadie nos reconoce.

Es el testimonio alegre, coherente y humano el que ayuda a otros a entender el camino correcto, no el cristiano que vive señalando errores ajenos como si fuera juez.


3. Cristianos “cada ocho días” no dan sabor ni iluminan

Jesús nos da el mandato y la capacidad de ser sal y luz para que se note.
Que nuestro sentir, pensar y actuar sea marcadamente cristiano.

No puede ser, como decía el predicador Salvador Gómez, que seamos “cristianos cadocho”:
cada ocho días cuando vamos a misa…
¿y el resto de la semana?

Ser sal y luz es 24/7, no solo una hora el domingo.

El mundo está lleno de:

  • personas tristes,

  • ansiosas,

  • deprimidas,

  • resentidas,

  • perdidas,

  • y pecadoras.

Y Jesús no nos pide huir de ellas, sino darle sabor a su vida e iluminar su camino con nuestra forma de vivir.


Conclusión: una acción concreta

Hoy Jesús nos invita a revisar nuestra fe.

Esta semana te propongo algo muy concreto:

  • Pregúntate si tu fe está dando sabor o amargando la vida de los demás.

  • Decide vivir tu cristianismo fuera del templo, en casa, en el trabajo, en la calle.

  • Sé sal para devolverle el gusto a la vida de quien ya no lo encuentra.

  • Sé luz para quien camina perdido, aunque no te lo agradezcan.

Porque un cristiano sin sabor y sin luz…
no es lo que Jesús soñó para su Iglesia.

Pidámosle al Señor la gracia de ser sal que transforma
y luz que orienta,
no solo los domingos,
sino todos los días de la vida.

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