A todos nos gusta tener garantías. Cuando vamos a hacer un viaje, queremos saber...
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a dónde vamos,
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cuánto cuesta,
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cuánto tiempo tomará,
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cómo será el lugar.
Pero cuando Dios llama… no entrega el itinerario completo. Y ahí comienza el verdadero problema de la fe, queremos seguir a Dios, pero con el mapa en la mano.
1. Dios llama sin dar todos los detalles
En la primera lectura, Dios le dice a Abram “Sal de tu tierra… hacia la tierra que yo te mostraré.”
No le explicó cómo sería esa tierra.
No le dijo si sería como el Caribe o como los Alpes.
No le dijo dónde quedaba.
No le dio coordenadas.
Le prometió que sería grande y famoso, pero no le explicó:
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si sería rey,
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si sería cantante,
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si sería un líder militar.
Simplemente lo llamó. Y aquí está la clave, cuando Dios llama, la única garantía es su presencia. Dios no nos promete comodidad, nos promete compañía.
Dios llama… y en el camino se arreglan las maletas. Primero viene la obediencia, después, la claridad. El problema es que muchas veces queremos entender todo antes de dar el primer paso.
2. Caminar con el Señor no es un picnic
San Pablo, en la segunda lectura, nos ayuda a aterrizar la llamada. Caminar con el Señor no es ir de picnic todos los días, no es estar “como gato panza arriba”, esperando que todo caiga del cielo.
Caminar con el Señor es trabajar por el Evangelio, es esforzarse, es comprometerse. Y no solo con nuestras fuerzas, sino con las fuerzas de Dios. Y algo queda clarísimo:
Dios no te llamó por tus méritos.
No te llamó porque seas talentoso, carismático o atractivo te llamó por gracia, por amor, porque Él es bueno. Eso nos baja del pedestal y nos da paz. No somos protagonistas por nuestras cualidades, sino colaboradores por su misericordia.
Dios nos llama para trabajar, para tener diálogos salvificos con quienes aún no lo conocen, para ser puente, no espectadores.
3. La gloria existe… pero no elimina la cruz
En el Evangelio vemos la Transfiguración. Jesús muestra por un momento su gloria. Pedro, emocionado, dice: “Señor, qué bueno es estar aquí. Hagamos tres tiendas.”
Es muy humano. Cuando encontramos paz, queremos quedarnos ahí. Pero Jesús sabe que los discípulos aún deben bajar del monte. Deben pasar por la cruz antes de experimentar plenamente la gloria.
Un error que podemos cometer es pensar que por ser cristianos nuestra vida será solo paz y armonía. Y cuando llega el sufrimiento, nos frustramos. No, la vida cristiana no es solo cruz… pero tampoco es solo gloria.
Habrá momentos de luz intensa.
Habrá momentos de desierto.
Habrá momentos de paz profunda.
Habrá momentos de lucha.
La fe no elimina el proceso; lo transforma.
Conclusión: dar el paso aunque no veas todo
Hoy la Palabra nos invita a tres decisiones concretas:
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Dar el paso aunque no tengamos todas las respuestas.
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Trabajar por el Evangelio con la fuerza de Dios, no solo con la nuestra.
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No huir cuando el camino incluya cruz, recordando que la gloria también está prometida.
Esta semana pregúntate:
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¿Cuál es la tierra de la que Dios me está diciendo “sal” y de la cual aun no he salido?
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¿Estoy dispuesto a confiar aunque no vea todo el panorama?
Pidámosle al Señor la gracia de Abram, obedecer sin tener el panorama completo. Porque cuando Dios llama, no siempre explica todo… pero siempre camina con nosotros.

Bendicion y Gracia de Dios también gracia nuestra el espiritu en su misión, querido padre rodolfo, saludos
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