¿Han visto lo que pasa en el Black Friday?
No digo que todo sea mentira, pero sabemos que muchas empresas sin valores éticos suben los precios semanas antes para luego anunciar grandes “descuentos” que en realidad no existen. Y muchas personas caen en la trampa pensando que son muy inteligentes por comprar solo ese día.
Algo muy parecido pasó con Adán y Eva.
Y algo muy parecido sigue pasando hoy con el pecado.
1. El pecado: una oferta engañosa
El diablo le dijo a Adán y Eva que si comían del fruto prohibido serían como Dios.
Pero ahí estaba la gran mentira: ellos ya eran como Dios, porque habían sido creados a su imagen y semejanza.
El pecado se presentó como una mejora.
Como una oportunidad.
Como un “ascenso”.
Y terminó siendo una caída.
Así funciona también hoy. El pecado se vende como:
-
libertad,
-
rebeldía,
-
inteligencia,
-
solución rápida.
Muchos jóvenes hoy creen que pecar es ser más listos que los demás, más libres que el sistema, más modernos que la Iglesia. Pero en realidad el pecado nunca amplía la vida, la reduce. Nunca soluciona, complica. Nunca libera, esclaviza.
El enemigo siempre vende caro lo que en realidad no vale nada.
2. La justicia de Dios no es como la nuestra
San Pablo, en la segunda lectura, nos muestra algo impresionante: la justicia de Dios no funciona como la justicia humana.
En la justicia humana decimos:
“El que la hace, la paga.”
En la justicia divina ocurre algo desconcertante:
Dios, siendo inocente, la pagó por nosotros.
Cristo asumió lo que no era suyo. Cargó con lo que no le correspondía.
Y aquí viene una contradicción nuestra:
cuando nos hacen una injusticia, exigimos a Dios reparación inmediata. Nos ponemos firmes, serios, reclamamos nuestros derechos.
Pero cuando somos nosotros quienes fallamos:
-
le damos largas al perdón,
-
posponemos la confesión,
-
retrasamos la reparación.
Sabemos que Dios nos va a perdonar, pero aun así tardamos en volver a Él.
La Cuaresma es precisamente el tiempo para no postergar más el regreso. Porque si Dios ya pagó por nosotros, lo mínimo que podemos hacer es volver con humildad.
3. El desierto no es para destruirnos, sino para fortalecernos
El Evangelio nos muestra que el Espíritu Santo conduce a Jesús al desierto. No para que fracase, sino para que sea fortalecido.
Y fíjense en un detalle importante:
el diablo ataca con fuerza cuando Jesús siente hambre, es decir, en el momento más vulnerable, casi al final.
Hay un dicho colombiano que dice:
“A la puerta del horno se quema el pan.”
Puedes haber hecho todo bien:
-
preparar la masa,
-
medir los ingredientes,
-
ajustar la temperatura.
Pero si después de horas de proceso te distraes dos minutos al final, se quema el pan.
Eso mismo puede pasar en nuestra vida espiritual.
Procesos largos pueden arruinarse por un descuido pequeño al final.
Jesús nos enseña que tanto al inicio como al final debemos mantenernos firmes en la Palabra de Dios. No basta empezar bien la Cuaresma. Hay que terminarla bien.
No basta ser fiel cuando todo va bien. Hay que ser fiel cuando tenemos hambre, cansancio, debilidad.
Conclusión
Hoy la Palabra nos deja tres llamadas claras:
-
No creer en las ofertas engañosas del pecado.
-
No postergar el regreso a Dios.
-
No bajar la guardia en los momentos de debilidad.
Esta Cuaresma hagamos algo concreto:
-
revisemos cuál es la mentira que más fácilmente nos seduce,
-
acerquémonos al sacramento de la reconciliación,
-
y alimentémonos diariamente con la Palabra de Dios.
Porque no todo lo que parece ganancia es salvación.
Que esta Cuaresma aprendamos a desconfiar de las falsas ofertas
y a confiar plenamente en la verdad que nos hace libres:
la Palabra de Dios.

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