Cuando la Luz entra, el orden cambia
Hermanos, cuando llega Jesús, nada queda igual. Cuando Cristo entra en la historia, el orden del mundo cambia, cuando Cristo entra en un corazón, el orden interior también se transforma. Hoy celebramos la Epifanía, la manifestación del Señor, y el Evangelio nos muestra algo impresionante: cuando Cristo no reina, terminamos adorando lo que no merece ser adorado, pero cuando Cristo llega, todo vuelve a su verdadero lugar.
1. Con Jesús la creación deja de ser “divina”
En muchos pueblos antiguos, los astros eran considerados dioses poderosos. Eran símbolo de destino, control, autoridad absoluta. Sin embargo, hoy el Evangelio nos muestra que la estrella no es Dios… sino servidora de Dios. La estrella guía, orienta, señala, pero no es el centro. El centro es Cristo.
Con la llegada de Jesús, el mundo se ordena:
no es la naturaleza quien manda sobre Dios,
no son los astros quienes rigen la historia,
no son las fuerzas del cosmos los dioses del hombre.
Es Dios quien gobierna la creación… y la creación se pone a su servicio.
Este mensaje es muy actual. Hoy también existen “nuevas espiritualidades” que vuelven a divinizar piedras, energías, horóscopos, fuerzas del universo… Como si dependiéramos de vibras o alineaciones cósmicas para vivir. Pero la fe cristiana nos recuerda: la naturaleza no es Dios, la naturaleza es creación, y como creación ha sido puesta al servicio del bien, de la vida, del plan de salvación. La estrella no compite con Cristo, lo señala. La creación no sustituye al Creador, lo glorifica.
2. Los de afuera lo ven más claro
Resulta provocador que los primeros en arrodillarse ante el Rey-Mesías no fueran los estudiosos de la Ley en Jerusalén, sino unos paganos de Oriente. Ellos, "desde fuera", reconocieron la señal y se pusieron en camino. Los que "estaban dentro", aunque conocían las profecías, se quedaron inmóviles en su palacio o indiferentes en sus libros.
Esto es un espejo para nosotros, la Iglesia. ¿No nos pasa a veces que, por estar tan acostumbrados a la fe, dejamos de maravillarnos, de buscar, de seguir la estrella con pasión? Y, en cambio, vemos a personas alejadas de nuestras prácticas que, con su búsqueda sincera de verdad, belleza y bien, a veces nos dan lecciones de autenticidad.
La Epifanía es una fiesta misionera que nos saca de nuestra comodidad: nos recuerda que Dios se manifiesta donde y a quien Él quiere, y que nuestra tarea no es poseer la verdad, sino seguirla con humildad y anunciarla con alegría a todos, especialmente a los que buscan "desde lejos".
3. Seguir a Jesús es una decisión libre
El Evangelio hoy nos muestra dos caminos: el de los Magos y el de Herodes. En ambos caminos se escucha hablar del Mesías. En ambos caminos reciben la noticia. En ambos caminos tienen acceso a la verdad. Pero no responden igual.
Herodes escucha… pero elige el mal.
Escucha… pero se endurece.
Escucha… pero en lugar de adorar a Dios, quiere eliminarlo.
¿Por qué? Porque para Herodes, Dios es peligroso. Porque para Herodes, Dios amenaza su poder. Porque Herodes ya tiene a su “dios”: su ego, su ambición, su ansia de poder.
Y esto no es historia antigua… esto pasa hoy. Muchos políticos, en nuestros países y en el mundo, no buscan el bien común ni la libertad de la gente, solo buscan engrandecer su nombre, acumular poder, riqueza y control. Y lo más preocupante es cuando el pueblo, incluso cristiano, cae en la trampa: defiende líderes politicos con más pasión que al mismo Cristo. Lloran por políticos… pero no se conmueven ante el Evangelio. Pelean por ideologías… pero callan cuando hay que proclamar la fe.
Herodes sigue vivo cuando un corazón humano se endiosa a sí mismo. Cuando el poder ocupa el lugar de Dios. Cuando la vanidad se sienta en el trono. Cuando se defiende con fanatismo a un hombre… pero se deja de anunciar al Salvador.
Conclusión
Epifanía es luz. Dios se manifiesta. Dios se deja encontrar. Pero depende de nosotros elegir el camino de los Magos o el camino de Herodes.
Los Magos buscaron, se dejaron guiar, adoraron y ofrecieron sus dones.
Herodes escuchó… pero eligió cerrar el corazón.
Hermanos, hoy el Señor nos invita:
a dejar que Cristo ordene nuestras prioridades,
a no idolatrar la creación, la política, el poder, el ego,
a permitir que la verdadera estrella nos conduzca a Jesús.
Que podamos decirle hoy al Señor:
“Señor, ilumina mis pasos como iluminaste el camino de los Magos. Que nada ni nadie tome tu lugar en mi vida. Que yo no adore estrellas… sino al Rey que nació para salvarme”.
Amén.

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