Hermanos, escuchamos una escena que, si la observamos con atención, resulta interesante, el papa Francisco no dice que: Jesús hace fila. El Hijo de Dios, el Santo, el sin pecado, se mezcla con la multitud de pecadores a la orilla del Jordán. No llega con privilegios, no exige trato especial, no se separa del pueblo. Jesús se pone en la fila de los que buscan conversión. Y desde ahí, desde abajo, desde el lugar del hombre, comienza a revelar quién es Dios y cómo actúa Dios.
1. Jesús no elimina la distancia desde lo alto
Juan Bautista identifica bien a Jésus y por eso se resiste: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti”. Juan percibe la distancia infinita entre él y Jesús, entre el hombre y Dios. Pero Jesús no niega esa distancia: la asume. Él no vino a borrar al ser humano, ni a aplastarlo con su divinidad, vino, nos dice el Papa Francico, a reconciliar lo que estaba dividido.
"Jesús está completamente de parte de Dios, pero también completamente de parte del hombre". Por eso se mete en el agua, en la historia humana, en nuestras heridas, en nuestras búsquedas y contradicciones. Este gesto nos revela un Dios que no salva desde lejos, sino desde dentro, un Dios que no nos grita desde el cielo, sino que camina con nosotros. Y aquí hay una primera llamada para nosotros, si queremos ser cristianos auténticos, no podemos vivir una fe que se desentienda del dolor, de la fragilidad y de la realidad concreta de las personas.
2. El Bautismo revela el estilo de Dios
Cuando Jesús es bautizado con el Espiritu Santo, comienza públicamente la misión. Pero atención, Dios no se manifiesta con gritos, ni con imposición, ni con violencia. Se manifiesta con un estilo. El Papa Francisco lo recuerda claramente: el estilo del Siervo humilde y manso, anunciado por Isaías.
Jesús no grita, no se impone, no aplasta al débil. No rompe la caña quebrada ni apaga la mecha humeante. Y esto es urge aplicarlo hoy. Vivimos en un mundo agresivo, polarizado, donde las ideologías se enfrentan con rabia, donde se quiere imponer "la verdad" a gritos, donde se confunde firmeza con violencia y convicción con desprecio. Jesús nos muestra otro camino: anunciar la verdad con docilidad y firmeza, sin arrogancia, sin humillar, sin sarcasmo, sin necesidad de destruir al otro para tener razón.
Este es también el estilo misionero de la Iglesia. No somos llamados a ganar discusiones, sino a revelar el rostro del Padre con nuestra manera de vivir, hablar y relacionarnos.
3. La misión cristiana no es proselitismo
El Papa Francisco es muy claro: la verdadera misión nunca es proselitismo, es atracción a Cristo. Y esto nos debe cuestionar. ¿Cómo se atrae a Cristo? No con estrategias de marketing religioso, ni con discursos agresivos, ni con imposiciones morales. Se atrae con el testimonio.
Un testimonio que nace de una relación viva con Jesús:
– de la oración sincera,
– de la adoración que transforma el corazón,
– y de la caridad concreta, especialmente con los más pequeños y olvidados.
Cuando un cristiano vive unido a Cristo, su vida se vuelve luminosa, aunque no sea perfecta. Se vuelve signo de esperanza. Y eso atrae. Así como Jesús, el Buen Pastor, atrae no por el poder, sino por la misericordia, nosotros estamos llamados a hacer de nuestra vida un anuncio silencioso pero coherente con el amor de Dios.
Conclusión
Hermanos, en el Bautismo de Jesús no solo se revela quién es Él, también se nos recuerda quiénes somos nosotros. Bautizados, llamados, enviados. No para gritar más fuerte que el mundo, sino para vivir de manera distinta al mundo.
Pidamos hoy la gracia de parecernos más a Cristo:
– cercanos y no distantes,
– firmes sin ser violentos,
– humildes sin ser tibios,
– testigos antes que jueces.
Que nuestra vida, como la de Jesús, sea una invitación silenciosa pero clara a encontrarse con Dios. Y que quien nos vea, pueda intuir aunque sea por un instante que Dios sigue pasando por la historia… haciendo fila con los hombres.
Amén.

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