Paulo Freire, el Evangelio y el peligro de convertirnos en aquello que odiamos. Por qué la verdadera libertad cristiana salva a la víctima y también al verdugo.
Paulo Freire, el Evangelio y el peligro de convertirnos en aquello que odiamos. Por qué la verdadera libertad cristiana salva a la víctima y también al verdugo.
El síndrome de la "silla vacía"
Mira la historia de las revoluciones políticas. Un grupo oprimido derroca al tirano. Hay fiesta en las calles. Pero, un par de años después, los líderes de esa revolución se han convertido en los nuevos tiranos, a veces peores que los anteriores.
¿Por qué pasa esto una y otra vez? El pedagogo brasileño Paulo Freire nos dio la clave: Porque el oprimido, en el fondo, no quería ser libre, quería ser opresor. Tenía "alojado" al tirano en su mente. Su sueño no era romper el látigo, sino tenerlo él en la mano.
En Fe Aplicada analizamos hoy este desafío espiritual: ¿Cómo luchar por la justicia sin que el odio nos convierta en monstruos?
1. La doble deshumanización
El pecado de la injusticia tiene dos víctimas, no una:
El Oprimido: Pierde su dignidad porque es tratado como "cosa" o animal de carga.
El Opresor: Pierde su humanidad porque endurece su corazón. Se vuelve esclavo de su avaricia y miedo a perder el poder.
Freire decía que el opresor no puede liberarse a sí mismo. Está demasiado cómodo y ciego en su poder. Solo el oprimido tiene la potencia para romper el ciclo. Pero aquí está el riesgo: si lo hace con odio, solo invierte los papeles.
2. La propuesta radical de Jesús y Freire
Aquí es donde el Evangelio ilumina la sociología. Cuando Jesús dice "Amen a sus enemigos", no nos pide que aceptemos la injusticia. Nos pide que deseemos la salvación del opresor, no su destrucción.
La verdadera liberación ocurre cuando el oprimido dice: "No voy a dejar que me pisotees, pero tampoco te voy a pisaotear yo a ti cuando tenga poder".
Es liberar al pobre de la miseria.
Y es liberar al rico de su egoísmo (que también es una cárcel).
Como decía Freire: "La gran tarea humanista e histórica de los oprimidos es liberarse a sí mismos y liberar a los opresores". Es un acto de amor supremo, impedirte que sigas siendo injusto.
3. Para aplicar esto en tu vida, no hace falta una revolución
Esto no aplica solo a la política, aplica a tu vida diaria:
En el trabajo: Si tienes un jefe abusivo, tu meta no debe ser "llegar a ser jefe para vengarme y tratar mal a los de abajo". Tu meta debe ser liderar con la dignidad que a ti te faltó.
En la familia: Si tus padres fueron duros y fríos contigo, "liberarte" no es abandonarles con rencor. Es romper la cadena y criar a tus hijos con amor, sanando tu linaje hacia atrás y hacia adelante.
Conclusión: Romper la rueda
El mundo nos enseña la ley del Talión: ojo por ojo. Pero Gandhi (y Martin Luther King, y Jesús) nos advirtieron que eso solo deja al mundo ciego.
El cristiano es el único revolucionario que lucha por un mundo donde quepan todos: el oprimido (restaurado) y el opresor (convertido). No buscamos venganza, buscamos Redención. Y eso es mucho más difícil, pero es lo único que cambia la historia.

Comentarios
Publicar un comentario