Hermanos, ¿se han dado cuenta de que hoy la gente busca “influencers” para todo? Influencers de comida, de viajes, de maquillaje, de finanzas… Pero si lo pensamos bien, la mayoría de ellos “influye” sin conocernos, sin querernos, sin interesarse realmente por nosotros.
Y sin embargo, hace dos mil años apareció en el desierto un hombre extraño, nada atractivo para los estándares de hoy: Ropa de pelos de camello. Un cinturón de cuero. Dieta de langostas y miel silvestre. Un tipo que hoy sería considerado raro, excéntrico… incluso loco. Pero aun así, influía y la gente iba hacia él, caminaban kilómetros para escucharlo. ¿Por qué?___________________________________________________________________________
1. Juan el Bautista
atrae, no por su rareza, sino por su autenticidad
El Evangelio no
comienza diciendo que Juan era famoso, atractivo o influyente.
Comienza diciendo que “predicaba la conversión y la llegada del Reino”. Eso
es importante, pero no es lo sorprendente. Lo sorprendente es su estilo de
vida: su vestimenta sencilla, su austeridad, su desapego total. Juan no
actuaba para agradar a la gente, ni para gustar, ni para encajar. No vivía
atrapado en apariencias. Vivía coherente con su misión. Y por eso la
gente iba a él. Porque cuando alguien es auténtico, despierta algo dentro de
nosotros. La autenticidad del Bautista daba sentido, sacudía, confrontaba,
animaba.
Y hoy pasa igual. La sociedad está hambrienta de referencias verdaderas, no de máscaras religiosas ni de cristianos de fachada, sino de personas que den sentido a la vida con su modo de vivir. Si el mundo sigue buscando fuera de la Iglesia es porque a veces dentro hay poca autenticidad. Y Juan nos recuerda que lo que sana, atrae y convierte no son las apariencias, sino la coherencia. ____________________________________________________________________________
2. Juan es duro no
con el pueblo pecador, sino con los líderes religiosos desconectados de Dios
Este detalle es
crucial: Juan no grita “raza de víboras” a la gente humilde que confiesa sus
pecados. No humilla al pueblo que busca misericordia. Juan es duro con los
fariseos y saduceos, los líderes religiosos de la época. Los que tenían
poder espiritual pero habían perdido el corazón espiritual. Y ahí, hermanos, el
Evangelio nos habla a nosotros. Porque no son los cargos los que dan
autenticidad:
· No es ser sacerdote u obispo.
· No es ser coordinador, ministro, catequista o
líder de un movimiento.
· No es pertenecer a una comunidad reconocida.
Lo que nos da
autenticidad es la intimidad con Dios. Hoy, igual que ayer, la crítica no es solo para el clero. Es también
para los laicos que se vuelven “caciques” de grupos, los que mandan más de lo
que sirven, los que se creen dueños de los ministerios, los que buscan poder
espiritual sin Espíritu Santo.
Cuando dejamos de ser
siervos para convertirnos en “funcionarios de lo religioso”, perdemos
autenticidad… y comenzamos a parecer más fariseos que discípulos. Juan nos
recuerda que el liderazgo en la Iglesia no es para dominar,
es para servir, enseñar, acompañar y amar. _____________________________________________________________________________
3. Juan nos muestra
el camino para no convertirnos en funcionarios: reconocer quién es el
protagonista
¿Qué hace Juan para no
creerse importante? ¿Qué lo salva de caer en la soberbia espiritual? Juan
sabe quién es y quién no es. Se puede deducir que Juan dice:
· “Yo no soy el Mesías.”
· “No soy digno de desatarle las sandalias.”
· “Yo solo preparo el camino.”
Juan se reconoce colaborador,
no protagonista. Prepara el terreno, pero no se pone en el centro. Anuncia,
pero no se apropia del mensaje. Sirve, pero no se siente indispensable. Así es
como se mantiene humilde. Así es como se mantiene auténtico.
Así es como no cae en la tentación de manipular la fe para su beneficio. Porque
donde uno reconoce su pequeñez, Dios puede hacer grande su misión. Y donde uno
cree que ya lo sabe todo, el Espíritu ya no puede entrar. Vivir el Adviento es
aprender esto: no somos el Mesías, no somos protagonistas, somos
colaboradores del Reino.
Conclusión
Hermanos, este
Adviento Dios nos invita a tres cosas muy concretas:
· Sé auténtico, como Juan. No vivas para las apariencias. Vive para Dios.
· No te conviertas en funcionario de la fe, aunque tengas un cargo.
Recupera tu intimidad con Dios.
· Reconoce quién es el protagonista: Cristo, no tú, no yo, no el grupo, no el
movimiento. Solo Cristo.
Pidamos al Señor la
gracia de ser una voz auténtica en medio de este mundo: una voz que prepara el camino con humildad, que ilumina sin humillar, que sirve
sin creerse superior. Que este Adviento nos despierte, nos purifique y nos haga
más auténticos…

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