Homilía de la Fiesta de la Sagrada Familia (Ciclo A) Mt 2, 13-15. 19-23

Hermanos, hay una verdad incómoda pero profundamente necesaria para comprender nuestra realidad familiar: la familia no se elige. No elegimos a nuestros padres, no elegimos a nuestra madre, no elegimos a nuestros hermanos, y ellos tampoco nos eligieron a nosotros.

En una sociedad donde podemos elegir amigos, trabajos, ciudades, estilos de vida y versiones de nosotros mismos, la familia es el único vínculo que no depende de nuestra elección, sino que es don de Dios. Y cuando no entendemos esto, cuando vemos la familia como una carga y no como un regalo, cuando pensamos “si hubiera podido elegir, no habría escogido esta familia”, la convivencia se vuelve pesada, tensa y dolorosa. Pero hoy la Sagrada Familia nos recuerda: la familia no es un accidente, es un regalo confiado por Dios.


1. La familia es un don, no un peso que soportar

Muchos de los conflictos familiares no nacen de la discusión en sí, sino de algo más profundo:
no hemos aceptado que la familia es don, no elección humana.

Cuando veo a mi familia como carga:
– ya no abrazo, tolero;
– ya no amo, aguanto;
– ya no cuido, sobrevivo.

Pero la familia no puede definirse por una pelea, por un desacuerdo, por una diferencia ideológica.
No hay ninguna regla escrita que diga que tu familia debe pensar igual que tú…
pero sí hay un mandato divino que dice que debes amarla.

Dios no pide familia perfecta.
Dios pide corazones dispuestos a amar por encima de la sintonía, del carácter, de los errores, de las heridas.

Si esperamos que la familia sea perfecta para amarla,
nunca amaremos de verdad.


2. Hoy vivimos crisis familiar porque se perdieron los roles… y con ellos, el orden

Vivimos en una sociedad que presume “evolución familiar”, pero muchas de esas supuestas evoluciones son en realidad retrocesos disfrazados de modernidad.

No es malo crecer, actualizarse, mejorar dinámicas…
el problema es que hoy en muchas familias nadie sabe qué le toca vivir:

No se sabe qué significa ser papá.
No se sabe qué significa ser mamá.
No se sabe qué significa ser hijo.

Y cuando no hay claridad,
no hay horizonte.
Cuando no hay horizonte,
no hay orden.
Y donde no hay orden…
reina el caos.

Y eso es lo que estamos viendo hoy:
caos afectivo, caos educativo, caos moral, caos espiritual.

Dios es Dios de orden.
La familia, cuando olvida el orden del amor, el respeto, las responsabilidades y la vocación de cada miembro, se convierte en campo de batalla en lugar de hogar.


3. La Sagrada Familia: no un cuento ideal, sino un camino real

La Sagrada Familia no fue ideal de revista religiosa:
vivieron migración, peligro, incertidumbre, pobreza, cansancio…
pero se supieron don de Dios los unos para los otros.

No caminaron solo por compromiso humano,
caminaron sostenidos por la gracia.

Por eso san Pablo nos recuerda hoy las actitudes necesarias para la vida familiar:

– ternura,
– bondad,
– humildad,
– mansedumbre,
– paciencia.

Cuando una familia se reviste de estas virtudes,
cuando deja que la gracia de Dios habite en medio de ella,
entonces la familia deja de ser campo de batalla
y se convierte en escuela de amor, santidad y humanidad.

No exagera ese lema de Iglesia que dice:
“Si salvamos la familia, salvamos la sociedad.”
Porque la sociedad nace en la familia, se educa en la familia, se sana en la familia…
o se rompe en la familia.


Conclusión

Hermanos, hoy pongamos nuestra mirada en Nazaret.

Hoy el Señor te pregunta:
¿Ves a tu familia como carga o como regalo?
¿Sigues esperando que todos piensen igual que vos para amarlos?
¿O te atreves a amar incluso cuando no los entiendes?

Pidamos la gracia de aceptar, sanar, reconciliar, perdonar.
Pidamos la gracia de poner amor donde hoy solo hay distancia.
Pidamos la gracia de dejar entrar a Dios en nuestras casas.

Porque cuando Dios entra en una familia,
no la hace perfecta…
la hace fuerte.

Amén.

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