Homilía de III Domingo de Adviento (Ciclo A – Gaudete)

Hoy la Iglesia nos invita a alegrarnos. Por eso este domingo se llama Gaudete, “alégrense”.

Pero es importante entender de qué alegría estamos hablando, porque no es la alegría fácil ni superficial que el mundo propone.

No es la alegría de quien no tiene problemas.
No es la alegría de quien lo tiene todo resuelto.
Es la alegría de quien sabe que Dios está actuando, incluso cuando la vida duele, incluso cuando hay preguntas sin respuesta.


1. La duda de Juan no es falta de fe, es una fe probada

El Evangelio nos presenta a Juan el Bautista en la cárcel.
El mismo Juan que anunciaba con fuerza la llegada del Mesías, ahora manda a preguntar:
“¿Eres tú el que tenía que venir, o debemos esperar a otro?”

Esto es muy importante:
Juan no duda porque haya perdido la fe,
duda porque la realidad no coincide con lo que él esperaba.

Él anunciaba un Mesías fuerte, justiciero, que iba a poner orden.
Y Jesús aparece sanando, perdonando, acercándose a los pobres y a los pecadores.

Y eso, hermanos, también nos pasa a nosotros.
Cuando Dios no actúa como imaginamos, cuando no quita el sufrimiento, cuando no responde rápido, cuando no cambia la situación… surgen preguntas.

La liturgia de hoy nos enseña algo muy humano y muy real:
se puede creer, se puede esperar… y al mismo tiempo sentir dudas, cansancio y oscuridad. Lo importante no es no dudar nunca, lo importante es llevar la duda a Jesús, como hizo Juan.

2. Jesús responde con hechos, no con discursos

Jesús no responde con una explicación teológica, ni con un largo discurso. Jesús responde señalando sus acciones:

“Los ciegos ven, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios,
los sordos oyen, los muertos resucitan
y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.”

Esta semana escuchaba en redes sociales un cuestionamiento que decía:
“Si la persona de la que estás enamorado o enamorada no pudiera hablar,
¿sus acciones te harían sentir amor?” 
Y esta pregunta encaja perfectamente con el Evangelio de hoy. Jesús no dice quién es… Jesús muestra quién es.

El amor verdadero no se demuestra con palabras bonitas, sino con hechos concretos.
Y la fe cristiana no se sostiene en discursos, sino en signos visibles de vida, de sanación y de misericordia.

Jesús invita a Juan y a nosotros a mirar la realidad con ojos de fe:
¿Dónde está dando vida Dios hoy?
¿Dónde está sanando?
¿Dónde está levantando al caído?

Porque ahí, aunque no todo esté resuelto, Dios está presente.


3. “Dichoso el que no se escandaliza de mí”

Esta frase es el corazón del Evangelio. Jesús sabe que su manera de actuar puede escandalizar. Nos escandaliza un Dios que no castiga como esperamos. Un Dios que no elimina el sufrimiento de inmediato. Un Dios que ama a quienes nosotros descartaríamos.

Y Jesús nos dice: feliz el que no se escandaliza de un Dios así.

El verdadero problema no es que Dios no actúe, sino que no actúa según nuestras expectativas humanas. El Adviento no es tiempo de exigirle a Dios que cambie, es tiempo de dejar que Dios nos convierta el corazón, para aceptar que su modo de amar es más grande que el nuestro.


Conclusión

Hermanos, hoy la Iglesia nos invita a una alegría profunda y realista: la alegría de saber que Dios ya está en medio de nosotros, aunque no todo esté claro, aunque haya dudas, aunque la espera duela.

Si hoy tienes preguntas, no te alejes: pregúntale a Jesús.
Si hoy estás cansado, no te rindas: mira los signos.
Si hoy no entiendes, no te escandalices: confía.

Que este Adviento nos ayude a reconocer a Cristo no solo por lo que dice, sino por lo que hace en nuestra vida.

Amén.




Comentarios