"Descálzate, estás pisando tierra santa". Reflexión cristiana ante el nuevo rumbo de Honduras

Después de 24 días de incertidumbre, ya tenemos presidente electo. Pero ganar una elección no es ganar un trofeo, es asumir una carga sagrada. Una carta abierta a la conciencia de la nación.


Del triunfalismo a la responsabilidad

Honduras tiene oficialmente un presidente electo. El humo blanco ha salido, pero la realidad sigue ahí, intacta y desafiante. Este dato político no es solo un cambio de sillas, es un hecho que marca el rumbo de nuestra historia y toca la canasta basica, la seguridad, la salud, la educación y la esperanza de cada familia.

Hoy no es momento para fanatismos ni triunfalismos ciegos. Hoy corresponde una palabra de conciencia. Porque la fiesta electoral dura un día, pero las consecuencias duran años.


1. Una reforma urgente

Los resultados nos arrojan una verdad incómoda que, como ciudadanos maduros, no podemos ignorar: quien gobernará no fue elegido por la mayoría absoluta del país.

Somos casi diez millones de hondureños de los cuales 6.5 millones estaban habilitados para votar, pero el porcentaje que definió el futuro es reducido.

  • Esto no deslegitima el resultado legal, pero sí cuestiona nuestra arquitectura política.

  • Hemos vivido 24 días de tensión, acusaciones y desconfianza que han desgastado el alma nacional.

Esta crisis no debe ser motivo de violencia, sino de reforma. Es un deber moral pendiente de gobiernos anteriores, incluyendo el saliente y un deber urgente para el entrante, construir un sistema electoral serio, justo y transparente. Un país no puede vivir conteniendo la respiración cada cuatro años. La paz social no se negocia.

2. Al nuevo Presidente: "Honduras es Tierra Sagrada"

La elección ya está hecha. Y ahora, al que se sienta en la silla presidencial, le recordamos aquellas palabras lapidarias que resonaron en la oración de Moseñor Romulo Emiliani en la toma de posesión del ex presidente Juan Orlando Hernandez, evocando el mandato de Dios a Moisés:

“Descálzate, porque estás pisando tierra santa. Honduras es tierra sagrada.”

Señor Presidente electo: No gobierne con los zapatos sucios de la soberbia o del revanchismo. Honduras es sagrada no por sus recursos, sino por su gente.

  • Es sagrada porque aquí hay madres que sufren para poner un plato de comida.

  • Es sagrada porque hay jóvenes que sueñan y no quieren irse.

  • Es sagrada porque hay familias que solo piden paz, justicia y pan.

Usted no puede gobernar solo para los que le aplaudieron. Su misión empieza ahora con los que no votaron por usted, con los que desconfían, con los que tienen miedo. El poder es pasajero, pero las cicatrices o las curaciones que usted deje en el pueblo quedarán para siempre.

3. A los ciudadanos: Ni odio ni fanatismo

Y a nosotros, el pueblo de a pie, nos toca la parte más difícil, construir la paz. Como creyentes, nuestra primera trinchera es la oración. Oramos para que el nuevo gobierno tenga sabiduría como Salomón y no caiga en la tentación del poder como Herodes.

Pero también actuamos.

  • No elijamos el camino del odio en redes sociales.

  • No caigamos en la violencia estéril.

  • Sigamos trabajando, porque Honduras no la levanta un político, la levanta cada hondureño que madruga, que es honesto y que ama a su prójimo.

Conclusión: La esperanza activa

Que Dios ilumine al nuevo gobernante para que abrace la vocación de servicio y no la del dominio. Que busque reconciliar lo que está roto. Que escuche más de lo que impone.

Honduras puede caminar hacia algo mejor si cada uno hace su parte con verdad y con fe. La última palabra no la tiene la política, la tiene la Providencia y el esfuerzo de sus hijos.

Dios bendiga a Honduras y que la Virgen de Suyapa, Madre de esta nación, interceda por su pueblo.




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